jueves, 26 de enero de 2023

El Metro tiene un caos de olores

 


Montarse en el Metro de Caracas es la odisea más fuerte que puede sufrir cualquier pasajero de este popular transporte público. Es necesario destacar que cuando inició el 2 de enero de 1983 sus actividades, ya hace 40 años, era otro nivel, no solo en el servicio que prestaba sino también en el comportamiento ciudadano de los usuarios.

 

Al pasar el tiempo, se palpa a simple vista el deterioro y el arrogante salvajismo de quienes lo usan. Un día cualquiera, entré a la estación Capitolio a las 7 de la mañana, alguien podría afirmar que es una hora pico (es decir, hay full gente). Pero es que no existe un momento único y placentero en el que quieras viajar en el Metro y no esté apertrechado del bululú.


El Metro caraqueño se quedó pequeño, es ahora casi un centímetro porque la demanda es excesivamente alta en comparación con sus inicios.

 

Mi ruta era hacia la estación Los Dos Caminos, del centro de Caracas hacia el este, específicamente en el estado Miranda. En mi primer intento no pude entrar al vagón y esto me pasó en tres oportunidades, el ingreso se hacía cada vez más imposible. 


Hubo un instante donde se combinó la frustrachera con la impotencia, porque la incivilidad es la que manda. Yo no quería golpear ni empujar como lo hacían hombres, mujeres, ancianos y hasta niños, pero tuve que envalentonarme y actuar como la mayoría, de lo contrario no llegaba a mi destino planificado.

 

Ya en el vagón y sin aire acondicionado, una mezcla de olores se hace presente: perfumes, talcos y violines sin orquesta sinfónica despertaban al más dormido. La unión en el ambiente de la diversidad de sudores, producían hasta en el más valiente, nauseas y unas ganas locas de bajarse corriendo. 


En el Metro puedes salir preñada y no sabes quién es el padre de la bendición, porque en las estaciones la mayoría va parado, es algo así como un “todos contra todos” y pegaditos como sardinitas en latas.

 

Por cierto, a medida que avanzaban las estaciones, los vagones no quedaban más vacíos, sino que se montaba más gente, la peripecia para bajarse era igual a cuando subes. El salvajismo en la puerta, es inaguantable y la jauría no permite ni bajar ni montarte, el caos en su máxima expresión. 


Afortunadamente llegué a mi destino con una tormenta de olores en mi piel, despeinada y sin mis labios pintados de rojo, porque los frenazos constantes, llevaban mi cara a la camisa blanca de un chico, que se la tatué sin querer. ¡Qué pena!

 

De pana tenía muchos años que no me trasladaba en el Metro de Caracas, creo que esta pesadilla no la volveré a repetir, porque la incivilidad le ganó a mis deseos de dar un paseo. Lo extremo pateó mis recuerdos de lo que fue el mejor transporte público en otros tiempos.

 

(MPS)

martes, 17 de enero de 2023

Finlandia apuesta a la felicidad

 


¿Puede existir un país feliz, con toda la revolcada que ha tenido el mundo en los últimos años? 

Aunque parezca una locura en medio de tanto caos, sí existe uno y es Finlandia, quien por quinto año consecutivo obtiene el primer puesto, según el Informe Mundial de la Felicidad que realiza anualmente la Organización de las Naciones Unidas.

 

Pero, ¿Qué necesita un país para evaluar su felicidad? Indiscutiblemente, que sus habitantes tengan la calidad de vida que merecen. Todas las actividades se enfocan hacia el bienestar de cada uno de ellos y de sus familiares. En este proceso tienen un papel importante los gobiernos y la ejecución de políticas públicas en conjunto con el empresariado. 


Detrás de Finlandia están: Dinamarca, Islandia, Suiza, Países Bajos, Luxemburgo, Suecia, Noruega, Israel y Nueva Zelanda. ¿Qué pasaría con los Estados Unidos y el Reino Unido?, que siempre se han vendido como países social y económicamente estables?

 

La felicidad de un país se mide por el alto porcentaje de empleo, también se toman en cuenta los sueldos y salarios que deben estar acordes con su economía, no debe faltar la seguridad, además de un buen sistema de salud gubernamental. 


Es de destacar que cuando se dio a conocer la magnitud de la pandemia, estos países le dieron todo el apoyo a su gente, no solo brindándole lo que requerían para su sanación, sino además se ofreció ayuda psicológica para quienes la requerían. Es decir, Finlandia tiene como prioridad la calidad de vida de sus ciudadanos para crecer y fortalecerse como nación.

 

Cuando leí y analicé este informe pensé en Latinoamérica, y me pregunté por qué nuestros países no pueden lograr la máxima felicidad: tenemos como responsables a los gobernantes politiqueros, impregnados de discursos y promesas baratas, donde los habitantes no son la prioridad, sino las negociaciones. 


Tampoco existe una inversión en la educación, porque a mayor ignorancia es más alto el nivel de manipulación gubernamental a costilla de ayudas sociales.

 

Y en materia de salud y seguridad la situación es bastante crítica. Existe un subsistema laboral, que varía según el país, pero todos tienen sus debilidades. Es bueno destacar que Costa Rica se encuentra entre los países más felices de Latinoamérica hasta el 2022. 


De Venezuela no comentaré nada, ustedes conocen las condiciones de este calvario y no pienso recordárselas. Lo que sí creo conveniente profundizar, es que en la medida que tengamos más sentido de pertenencia, seamos menos conformistas, más comprometidos y responsables en nuestras acciones, así estaremos aportando un plus importante para que nuestros países no sucumban en su totalidad.

(MPS)