lunes, 13 de febrero de 2023

Urgente… Se busca salario emocional

 


En algún momento de nuestras vidas, hemos tenido sueños sobre las oportunidades laborales y salariales que deseamos. Sin embargo, al despertar, el tanganazo es más fuerte del que esperábamos porque todo quedó en un recorrido onírico de años.

 

Por lo menos en lo que a Venezuela se refiere buscar trabajo se ha convertido en una penuria porque pareciera que todas las empresas tienen el mismo patrón y más en estos tiempos de la asfixiante dolarización económica. De pana no voy a convertir esta narrativa en un análisis aburrido, cuando es conocido por todos, la situación.

 

Aunque quiero resaltar algunos aspectos vivenciales del día a día de cualquier venezolano que escudriña nuevas oportunidades laborales. Es posible que usted sea una de las tantas personas que a comienzo de año se emperifolló y salió con su carpetica para hacer un recorrido desde tempranito.

 

Al llegar a una empresa con tu curriculum vitae, con tu pecho hinchado de orgullo, porque para ti es el “tria…cho” y donde están plasmados tus tiempos de esfuerzo de sobrevivencia, te atiende una recepcionista y te dice fría y con gestos en su cara de indiferencia: “Déjelo y espere que lo llamen” y algunos más sortarios tienen la reunión esperada, donde preguntan cuáles son tus aspiraciones y ahí es cuando se traba la lengua.

 

Ninguna empresa está a la altura de nuestras necesidades y es aquí donde el serrucho se tranca porque, o dices la verdad sobre lo que quieres que te paguen, o simplemente te callas y aceptas la paupérrima oferta.

 

En estos tiempos hay que tener claro que los salarios se los come la inflación, y que antes de aceptar un trabajo debemos investigar sobre los beneficios que tiene la empresa, que estos sean un plus para el desarrollo de los empleados. Creo que en Venezuela son pocas las organizaciones que ofrecen incentivos laborales que fortalezcan sobre todo el sentido de pertenencia. Si encuentras alguna, allí es donde debes quedarte.

 

Es ese instante donde hace su resplandeciente aparición eso que llaman el salario emocional. No se manifiesta ni en dólares ni tampoco en soberanitos, pero suma un montón en esas decisiones que van a favorecer la calidad de vida del recurso humano.

 

Por cierto, este tema se está investigando desde hace 10 años en América Latina. Pasamos en nuestras actividades laborales 8 horas diarias o más de nuestras vidas, aparte de aspirar al pago en dolaritos debemos pensar en otros factores que dignifiquen nuestra calidad de vida. Urgentemente estoy buscando un salario emocional en mi vida.

 

Consultando con varios amigos coincidimos que más allá del salario necesitamos incentivos como: Becas para los hijos, bolsas de comida mensuales, transporte ida y vuelta para los que no tienen vehículo, cursos, seminarios o conferencias para el crecimiento profesional, flexibilidad en el horario de trabajo y, por qué no, emplear el teletrabajo algunos días. Si la empresa valora a su gente, ténganlo por seguro que allí se mantendrán los empleados un bojote de años. ¡El mundo cambió jefes!

 

(MPS)