Hoy,
ya cerquita del mediodía, hay ideas que revolotean muy parecidas a los pájaros
que llegan a mi ventana para alegrar mi tiempo. Una de estas, tiene que ver con
la palabra idiota, cuando pienso en ella, recuerdo a varias personas con
quienes tengo cierta vinculación, ya que desconocía que yo me convertiría de
manera inocente en una idiota más en sus vidas.
No
sé si lo han notado, pero últimamente existe una idiotización colectiva que ha
ido creciendo sin darnos cuenta y es que la calle está full de ellos, es
posible que también te hayas relacionado en algún momento con un idiota, que te
llevó a enamorarte enloquecidamente.
No
pretendo con este artículo hablar de teorías o hipótesis sobre la idiocracia,
término por cierto que me encontré en los caminos que uno recorre por Google.
Tampoco trataré el tema del coeficiente intelectual que también lo asocian con
la idiotez. Y es aquí donde entran en juego, todos los idiotas que están en la
calle o en tu casa, quienes en muchas oportunidades tratan de idiotizar a otros
con ideas baratas y sin sentido.
Por
ejemplo, en campañas electorales, somos muchísimos los venezolanos que hemos
sido idiotizados por idiotas expertos, que nos han llevado a procesos que han
dejado experiencias muy tristes. Sin embargo, caímos en varias oportunidades.
Por estos tiempos, hay unos cuantos por ahí que ya están preparando su manual
de idiotización para ver a cuántos convencerán para que participen en un nuevo
show sin tarima.
Con esto no quiero decir que los únicos idiotas están en la política.
Los hay sin distingo de sexo, raza, religión y profesión y si tienes dudas,
mete la lupa en tu trabajo o donde estudias y allí es que realmente te darás
cuenta del gentío que se regodea con la idiotez. Por supuesto, que hay unos más
intensos que otros, pero sí los hay independientemente de su edad. El que
decidió ser idiota no piensa en la existencia de un instante preciso,
simplemente es o finge ser el mejor de los idiotas.
Creo que en muchas oportunidades algunos han idiotizado la vida y esto
los paralizó y no los dejó avanzar en ninguno de sus proyectos. Otros hemos
entendido que para ser idiotas hay etapas donde se concientiza la situación y
se le saca provecho al momento necesario para pasar por idiota en una
determinada coyuntura. Desde mi rincón irreverente disfruto de la magia de la
idiotización, mientras otros, no terminan de entender que el número de idiotas
ha aumentado para bien o para mal.
(MPS)
