En estos tiempos se habla de una diversidad temática que a veces es difícil de entender, ya que es amplia y colorida. Constantemente hace acto de presencia sin importarle el número de personas que pueda tener empatía con este boom de palabrerías que a veces confunde, pero nos lleva a meterle la lupa para enriquecer el léxico. No sé si conoces la sexalencia, un término que lo aprendí en la calle.
Hace unos días, hacía la “cola o fila” para
cancelar en una farmacia, la lentitud de las cajeras era absolutamente anormal,
sin embargo, no me sentía afectada, creo que a estas alturas de mi vida estoy
inmunizada para que situaciones como esta perturben la tranquilidad que
envuelve a este pequeño cuerpo desde hace unos meses. Se escuchaban en el
ambiente muchas conversaciones, los que iban acompañados hablaban de todo,
desde los problemas de su casa hasta de farándula y política. Mientras tanto,
yo rastreaba con mis antenas ese feedback tan variopinto del lugar.
Detrás de mí, había una señora que
dialogaba con un chamo que parecía su hijo, quien le comentó que ella había
entrado en la etapa de la sexalencia.
Quise voltear para verle la cara a la susodicha y así mirar su reacción, pero
me dio pena, que fueran a pensar que estaba chismoseando. En ese instante,
cuando escuché la palabra, mis oídos se estremecieron y calladita me pregunté
¿qué es esto, mi alma? Y paré más mí oreja. El chico se observaba como un buen
conocedor del tema. En mi ignorancia, pasaba por mi mente cualquier cantidad de
cosas. El muchacho dijo que el término está vinculado con la tercera edad en ambos
sexos y la atracción de estos con la tecnología, entre otros “aliños”.
Llegó
el turno para cancelar y cada uno siguió su rumbo. Como “quedé picada”, al
llegar a la casa me puse a investigar sobre la sexalencia. Lo primero que pensé fue relacionarlo con sexagenario. Y no estaba del todo perdida, porque un sexavalente es un sesentón o setentón
que decidió marcar una diferencia desde hace algunos años. Pero, ¿qué hace un sexavalente en su día a día? Algunos
siguen trabajando, otros se han dedicado a experimentar en actividades que
jamás se imaginaban que realizarían.
Es necesario destacar, que no les importa
“perder el tiempo”, no hay hora ni fecha en el calendario que los estrese,
porque llegaron los momentos de ocio por la puerta grande. Incluso han
asimilado de tal manera su soledad, que se la gozan. Han concientizado que los
hijos y nietos van y vienen como las olas del mar y ellos tienen sus espacios
que se deben respetar.
Uno de mis amigos sexavalente me comentó que le dio un vuelco a su vida,
recientemente hablábamos de sus cambios. “Yo me auto jubilé, estoy dedicado a
disfrutar cada respiro. Mis hijos se fueron del país, no tengo traumas, para
eso está la tecnología y nos mantenemos comunicados. Los vi crecer y hasta
profesionales son. Ya no hay nada que me preocupe con respecto a ellos.
Actualmente
voy al gimnasio, trabajo desde mi casa, sin madrugar ni correderas. También
hago los quehaceres de mi hogar desde que enviudé. Tengo calidad de vida, soy
millonario en paz, felicidad y no me siento senil”.
Muchos de los sexavalentes tienen redes sociales, sin temores se han ido
involucrando con los avances tecnológicos y el metaverso no se escapa de ellos.
Entre los 60 y 70, ya no existe preocupación ni por las arrugas, celulitis o
chocolaticos en el abdomen. Por supuesto, sí se cuidan su alimentación, pero no
llegan a los extremos de los días de chamos.
¿Se
puede enamorar un sexavalente? ¿Quién
se lo impide?, los sentimientos y las emociones no se reprimen. Si ese corazón
le hace “tucún tucún”, es porque allí está el alma gemela que quizás esperaba
desde hace algún tiempo. Los años son un simple número que, por cierto, se
desconoce quién los inventó.
Vive tu sexalencia
como la mereces.
(MPS)
